El cambio climático representa una de las amenazas más urgentes y transversales a nivel global. Sus efectos se manifiestan en fenómenos meteorológicos extremos, la subida del nivel del mar, la pérdida de biodiversidad y el deterioro de los medios de vida de millones de personas, afectando de manera desproporcionada a las poblaciones más vulnerables. En América Latina y el Caribe, esta urgencia se amplifica dado que la región concentra una biodiversidad excepcional que se ve amenazada cuando el crecimiento económico prioriza la explotación de recursos naturales por encima de su conservación, mientras que los problemas estructurales de pobreza y desigualdad reducen la capacidad de los gobiernos para actuar con visión de largo plazo (CEPAL, 2019).
La acción climática es un pilar esencial para asegurar la sostenibilidad ambiental, fortalecer la resiliencia de los territorios y garantizar el bienestar de las generaciones presentes y futuras. En este marco, Ecuador impulsa políticas públicas orientadas a enfrentar los efectos del cambio climático mediante estrategias de mitigación, adaptación y gestión integral del riesgo. Estas iniciativas promueven un modelo de desarrollo sostenible que refuerza la capacidad de respuesta de los territorios y protege la integridad de los ecosistemas.
Al 2035, el Ecuador registra avances significativos en la implementación de estrategias de mitigación, adaptación y gestión de pérdidas asociados al cambio climático, en concordancia con los compromisos asumidos en el marco del Acuerdo de París y de la Segunda Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC). A través de la Estrategia Nacional de Financiamiento Climático, el país ha logrado movilizar recursos provenientes de fuentes multilaterales y bilaterales, así como promover mecanismos de financiamiento, incentivos fiscales, bonos verdes y proyectos de infraestructura verde que fomentan el desarrollo sostenible. Estas acciones han contribuido a fortalecer la resiliencia de los sectores productivos, mejorar la seguridad alimentaria y reducir la vulnerabilidad climática en territorios con mayores niveles de riesgo.
De manera complementaria, se han consolidado avances en la conservación y restauración de ecosistemas, la implementación de programas de reforestación y el control de la deforestación en áreas de importancia ecológica. En paralelo, el país ha avanzado en la gestión integrada de los recursos hídricos, la mejora en la eficiencia del uso del agua y la expansión de prácticas de agricultura responsable que fortalecen la resiliencia comunitaria, particularmente en zonas rurales.
Finalmente, el Ecuador continúa promoviendo la descarbonización de su matriz energética mediante el desarrollo de energías de transición más limpias, así como la adopción de patrones de producción y consumo sostenibles. La implementación de mecanismos de control y remediación de fuentes de contaminación, junto con el fortalecimiento de la gestión integral de residuos y desechos, contribuye a preservar la calidad de los recursos naturales y a avanzar hacia un modelo de desarrollo que equilibre el crecimiento económico con la protección del ambiente y la resiliencia frente al cambio climático.

| EJE PND | OBJETIVO PND | POLÍTICA PND | META PND | ENTIDAD RESPONSABLE |
| AMBIENTE, AGUA, ENERGÍA Y CONECTIVIDAD | 6. Precautelar el uso sostenible de los recursos naturales, la protección del ambiente, así como la optimización y la eficiencia energética. | 6.4 Conservar, restaurar y gestionar el patrimonio natural y su biodiversidad, que contemple la reducción de contaminación y la resiliencia a los desafíos ambientales y climáticos. | Reducir la vulnerabilidad al cambio climático en función de la capacidad de adaptación de 82,81 % en el 2024 a 81,10 % al 2029. | Ministerio de Ambiente y Energía |
| AMBIENTE, AGUA, ENERGÍA Y CONECTIVIDAD | Incrementar las toneladas de Dióxido de Carbono Equivalente (Ton CO2eq) retenido en bosques naturales mediante los mecanismos de conservación de 3.030.577.895,86 en el 2024 a 3.165.577.895,86 al 2029 | Ministerio de Ambiente y Energía |
El ODS 13, enfocado en la acción por el clima, es transversal por su naturaleza, ya que su cumplimiento se encuentra intrínsecamente vinculado con la biodiversidad y ecosistemas (ODS 15), el agua limpia (ODS 6), la energía asequible y no contaminante (ODS 7) y la vida submarina (ODS 14). Esta interconexión demanda un enfoque integral en las acciones encaminadas a cumplir este objetivo, dado que la gestión realizada genera impactos positivos en los demás ODS.
La cooperación internacional cumple un rol decisivo en este proceso, canalizando recursos financieros y técnicos que permiten al país implementar sus compromisos climáticos con mayor alcance y profundidad. Las organizaciones internacionales que mayor relacionamiento han presentado son: el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Fondo Verde para el Clima (GCF), la Cooperación Alemana (GIZ), la Corporación Andina de Fomento (CAF), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el Consorcio Helvetas/Fundación Avina y el Fondo Ítalo Ecuatoriano para el Desarrollo Sostenible (FIEDS). Los temas de intervención específicos han sido los siguientes: